14 de octubre de 2013

Un tanto en Tibet.

"Todo sueño nos es dado con el poder de hacerlo realidad"


Un tango en Tibet, es el otro libro (Ya les comenté de Vagabundeando por el Eje del Mal), de Juan Pablo Villarino. Tuve la suerte, como les conté, de estar hablando ultimamente con él, y le pedí que me enviara uno a casa para tener la oportunidad de leerlo. A diferencia de Vagabundeando, este libro es un poco mas "artesanal". Me tardó una semana en llegar, y tarde mucho menos que una semana en leerlo.
Me apasiona poder conectarme y sentirme como si yo estuviera viajando a través del papel, por las rutas mas desoladas del mundo. Una sensación de libertad absoluta, y no esta falsa libertad con la que vivimos día a día en la sociedad. Y eso fue uno de los temas que hablé con Juan. Esas ganas de irme y abandonar la rutina, lo cotidiano, de no seguir los pasos de mis viejos y el resto, que están tan estructurados y no se permiten soñar.

Lo loco es como el destino te trae lo que uno anda buscando, o será que uno piensa tanto en algo que lo ve en todos lados. No se, yo no creo que sea tan así, pero sin saberlo, me encuentro con el prólogo que escribió Juan sobre su paso por el Tibet. El titulo dice: "Reflexiones sobre la libertad envasada", y me hizo sentir tan identificado, que me voy a tomar el trabajo de transcribirlo.

Así arranca: Empezar un nuevo viaje me hizo reflexionar un poco sobre la libertad, y sobre la diferencia entre la libertad y la sensación de libertad. Mientras la primera es un ave en extinción, la segunda está a la venta en los centros comerciales, y se exhibe en cines, en distintos envases y formatos.



Y sigue: Los antropologos teorizan que allá por la década de 1880, las clases patricias porteñas establecieron la marca registrada del gaucho como representante de la libertad y la argentinidad, eso sí, después de haberlos acusado de vagos y haberlos perseguido hasta hacerlos desaparecer. Este mecanismo perverso de hipócrita entronización de opuestos sigue vigente hoy, en una sociedad que a la hora de ofrecer bienes de consumo, es tan mercenaria como para lucrar con versiones suavizadas de su propia antítesis, recetas que podrían poner en duda sus mismos fundamentos. De la misma forma en que la vacuna contra una enfermedad consiste del mismo virus pero atontado, el sistema busca vacunarnos contra la libertad dejandonos jugar con un juguete a escala.
Hay algo que todo viajero tiene en comun con los artistas y los gauchos. Como todo ideal que hace tambalear la disponibilidad de mano de obra para el sistema o sus leyes y ordenes basicos, el viajero y todos los soñadorse en general han sido colocados en un ambiguo altar. Es el frasco de caramelos sobre la alacena. Te lo muestran, pero no te lo dan. El fetiche del viajero permite la cuota necesaria de sustitución simbólica de la libertad real, con la que es lícito fantasear aunque no esté en oferta genuina. Este sin embargo, es un préstamo sin predicativo: la sociedad precisa de gente atenta, despierta, con una dosis de culpa o duda suficiente como para regalar los mejores años de su juventud a un call center. Para el que amaga a andar por la vida con pajaritos en la cabeza la sociedad inventó sus propias fábricas de jaulas, anticuerpos inhibidores del deseo de libertad. No somos muy distintos del burro que camina mientras su jinete lo amenaza mostrándole una vara de madera. Eso explica el comportamiento histérico de muchos de nosotros frente a las cosas que deseamos. Lo vemos, lo deseamos. O al menos lo deseamos hasta que percibimos que asoma por el costado la vara de madera...
Los modelos de vida heroicos, abnegados, la libertad de viajar por el mundo escribiendo poesías o cazando mariposas o recluirse en una comunidad agraria son modelos de fuga o de vida bohemios que el sistema no ordena consumir solo si asumen el formato de una superproducción de Hollywood o el envase de un buen libro. Si el bohemio es Leonardo Di Caprio y discute apasionadamente contra la aristocracia en el salón de baile del Titanic, estamos todos de su lado. Ahora, si el que quiere vivir de vender retratos a lápiz un mes por cada país del mundo sos vos, hasta el verdulero de la esquina está capacitado para decretar tu locura, haciendo carne de una ideología que ni comprende ni le es propia. Cualquiera puede explicarte que de esa manera no vas a tener aportes jubilatorios ni un curriculum apropiado. Cabe entonces preguntarse si la calidad de vida psíquica no cuenta. Pasar 20 años trabajando en una oficina, y 10 años mas, con suerte, luego de un ascenso, en la de al lado, se nos pinta como una receta feliz. Ya que si bien cualquiera de los potenciales peligros de un viaje (Las enfermedades, los robos y las tierras desconocidas) deberían bastar para que no nos animemos a seguir nuestros sueños, el stress, la comida chatarra, el cáncer y el exceso de trabajo en cambio son una autoflagelación que se justifica por el mero hecho de garantizarnos un empleo estable. Sufrir por el trabajo es respetable en una sociedad que venera el masoquismo del alma, quizás algo influenciada por un macabro entrecruzamiento entre tango y cristianismo. Por todo esto el viajero y el soñador de cualquier tipo, al margen de que su ambición sea viajar, subir montañas en ojotas o vivir de la comida orgánica, han sido puestos en un altar ambiguo. Soñarlo está bien, querer vivirlo en primera persona, no. Claro que el ser humano desborda por algún lado, y toda esa gente que está convencida de que es feliz a su manera, termina charlando el tema con su terapeuta o con el psiquiatra en el peor de los casos. Allí estan los laboratorios y sus ansiolíticos que sabrán hacer de esta carencia de realidad un negocio rentable. Para eso están las mega producciones de cine con personajes que desafían a su sociedad y que aplaudirán todas nuestras tías aunque después nos condenen por salir a la calle sin paraguas, y por invertir en nuestra juventud sin calcular milimetricamente los planes para la vejez. Y si no, por supuesto, está esa otra acepción mas devaluada de la palabra sueño cuya receta es prender un par de sahumerios y sabotear las casillas de correo de tus amigos con presentaciones en Power Point enviadas en cadena que enumeran todas las virtudes que ponemos en practica en la vida real y todas nuestras asignaturas pendientes. Son todos chupetes, huesitos que nos tira el sistema.
Por eso amigos, no se contenten con leer este blog, ni con leer mis libros, salgan ahí afuera, los que no lo hayan hecho ya que las rutas y el mundo esperan. Cuando regresen encontrarán a Buenos Aires igual que como la dejaron: los taxistas canosos seguirán añorando la falsa seguridad que había durante la dictadura, y en la calle Florida, todos hablarán de las fluctuaciones del dolar o venderan shows de tango a los turistas brasileños recien bajados del crucero. Y por antiguedad en ese loquero con cien barrios nadie nos va a dar un premio. El ser humano siempre encuentra motivos para boicotear sus propios deseos. En ejercicio de ese mecanismo muchos terminan creyendo que si no realizan ese viaje tan soñado es porque es imprescindible recibirse en tiempo record, o no perder el prometedor empleo, o porque no tienen con quien dejar el perro. Quizás, simplemente,  no logran reunir el coraje, pero somos muchos mas diestros para encontrar peros y justificaciones o culpar al sistema que para admitir nuestras limitaciones. Como afirmara Mark Twain, en viente años estaremos mas afligidos por las cosas que hemos dejado de hacer que por las que hicimos.

Todo lo que dice fue como que me lo haya sacado del cerebro. Como un cirujano removiendo un pedazo de cerebro. El libro me gustaría que se lo compren, así de paso lo ayudan económicamente para su próximo viaje (El cual será pronto). Para resumirles un poco, Juan Pablo cuenta la historia de él, y un rosarino (Pablo) que conoció camino a Tibet. Juntos cruzan 1700 Kms de uno de los territorios mas desolados del planeta, por la ruta 219, cagados de frío y hambre, pero lo lograron. Llegaron a la capital Lhasa tras un mes de recorrido. Pasaron por muchísimas ciudades en el medio, entrando por el Tibet Occidental. Tibet fue tomado por el gobierno y su Dalai Lama (presidente) se encuentra en el extranjero, en el exilio. Los extranjeros (Aliens como los llaman, y esto es real) no son permitidos en la zona. De hecho, Juan entró de manera ilegal, se acercó a una oficina del gobierno chino, pagó la multa de 40 euros, y le dieron como una visa temporal para no ser "ilegal", si no la tenés, te meten sopre, aunque hay gente, como en todos lados, que se arriesga.

Y en todo este periplo, el libro no se llama Un tango en Tibet por nada, sino que Juan conoce a un japones (Akatsuki) que amaba el tango y le pide por favor que le traduzca al inglés el tango "Balada para un loco", el cual no paraba de cantar desde hace años, pero sin saber lo que decia:

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo...

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!


El tango sigue, y la traducción hecha por Juan fue terminada. Si bien el viaje a la capital Lhasa, no lo terminaron haciendo juntos, quiero creer que el tango fue enviado a Akatsuki, y este ahora disfruta de saber que es lo que dice el tema.

La verdad es que esa experiencia de vida, cruzar un territorio así de desierto, donde no hablan tu idioma, y encima encontrar a un rosarino y a un japonés fanatico del tango, es algo que no se puede comprar con nada, ni aprender en ninguna universidad o en la oficina de tu hermoso trabajo. Para mí Juan Pablo es una de las personas que mas vivió la vida en toda la Tierra, este hombre tiene como 2 o 3 vidas vividas en 5 años. Es un GENIO!

Y hablando de genios y libros, y de prólogos que te hablan de como el sistema te dice que está mal pensar en ser libres, y que en realidad tenemos que adaptarnos a esta falsa libertad que el sistema nos creo, me llegó el libro que sacó Aniko Villalaba hace poco. El prólogo igual de largo que el de Juan también habla un poco de como todos los que rodeaban a Aniko le decían que con 22 años y yéndose sola por toda America iba a ser una locura. Que bueno que no los haya escuchado. Ojala en 6/7 años pueda decir lo mismo.





Falta Vagabundeando que se lo presté a un amigo, y sé que en poco tiempo voy a estar recibiendo el 3er libro de Juan y su novia Laura, con todo su paso por America!

Saludos salchichas mal hechas.

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